25/5/07

Mal que bien el cartero siempre llega



Si no dormir para él era un problema, para ella había sido una costumbre. Algún día dejó de dormir, esperando horas trás horas detrás de la puerta a que el cartero se asomará, trajerá algo bueno, un sobre de tierras lejanas, de momentos en que alguien había tomado el tiempo para escribirle. Algunos no caen en cuenta en la importancia de un gesto, creen que todo es producto de que la vida les otorga cosas, y cosas. Ella no era así. Sabía que nadie le escribía, pues nadie se acordaba de ella. Algunos la habían querido olvidar, otros habían perdido la costumbre de escribir.

Así que esa noche él llegará a casa, no hará ninguna carta de agradecemiento, solo continuará a creer que lo que ocurre una vez puede suceder infinitamente. Por eso no se tomará la molestia de decirle que el encargo había llegado, que había sido feliz un momento, pues según él, sus palabras estorbaban, eran torpes, y no se podían comparar a los telegramas que ella le enviaba.

Ella le dirá tiempo después que tan solo le escribiera una carta de vuelta, una respuesta. Una carta verdadera, de aquellas que puede coleccionar en su vieja caja de zapatos, alguna que leerá en algunos años, recordando con risa y ternura aquellos momentos en que se sintió especial para alguien. No dejará a un lado, que perder ilusiones es recolectar nuevas. Por eso esa noche decidirá escribir nuevamente, dejar claro que las estampillas viajan a través de la ciudad como ella lo hacía dentro de las autopistas bipolares de la mente de él. Esa noche no soñará con él. Soñará que exite un país donde la gente sencillamente da la bienvenida con un frase "me ha sido un encanto conocerla".