
Ese día llego a casa. Dejo su maleta en la entrada de la sala. Se quitó su chaqueta de múltiples bolsillos para múltiples usos. Puso sus manos en la cara y recordó. Eso pasa a veces, a veces no nos gusta estar en público con muchas miradas que nos observan, nos analizan los errores, nos pisotean nuestras pequeñas ilusiones de ser grandes personas. Así que sin querer voltear de nuevo la mirada hacia su propia realidad, encendió la cámara fotográfica y miró, miró y miró las imágenes.
La modelo le gritaba, su maquillaje figuraba el estatus de soy una mujer siempre en un corre corre, donde la piel esta resentida por las luces y solo quiere lucir bien en unas milesimas de segundo donde él, tenia que solo sonreir y decir estás lista? Ese tipo de mujeres nunca están listas, por lo menos las que ese día le sonreían por sonreir. Como extrañaba una simple carcajada sin temor a mostrar las amigdalas. Como añoraba que fuera todo un poco mas natural y menos tóxico. Sí, definitivamente se había intoxicado ese día, le dolía la panza, los ojos eran sollozos, y seguramente si algún día volvía a encontrar a las modelos, estás harían como si no lo conocierán. Peor aún sabría que recolectar imágenes no era una labor que merecia permancer tanto tiempo sólo y sin pila en una sála de espera, donde no podía entrar a ver las modelos desnudas. Quizás si las hubiera visto sin ropa hubieran sido mas divertidas.