
.B llegará a contarme lo que ocurrió ese día. Era ya casi verano, el aire se descompresa dejando a un lado los duros días anteriores, y la explosión de hormonas es proporcional a las ferormonas que dejarón atrás la primavera. Por eso esa mañana tomará el metro como todos los días, se dirigirá a la misma estación de seimpre.
Seguramente, no era uno de esos niños que les gustaba cortejear, a pesar de tener las mejores habilidades para lograrlo. Nunca mostraba interés, era un racional que deslumbraba hasta las mentes más instruidas, y sus gustos particulares por los otros idiomas, que siempre guardaba en su bolsillo para cualquier ocasión, eran un gran plus al resto de sus habilidades, gran elecuente, decencia absoluta y respeto por el otro. Además de todo eso, llevaba un modo de vida particular, ritualizado por las costumbres orientales, la sanidad del cuerpo, la mentalidad del equilibrio contrastaba con todo el bajo mundo que solo deja de pensar en como poder contaminarse aún más hasta la saciedad. No, .B era todo un caballero y él lo sabía.
Fue por eso mismo que ese día, cuando la compañera de estudios de medicina oriental, le dio un beso luego del clase de acumpuntura, se sintio robado. Sí, a pesar de no haber recibidio muchos besos ultimamente, como nos pasa a varios, pues bien .B no resistia que una mujer le robara un beso. Eso que le roben a uno un beso sin pedir permiso y peor aún que eso traiga consecuencias dejaba a .B perplejo. Es sin duda algo que un viejo romantico como él hubiera esperado en un lugar mejor que después de habar clavado un par de agujas. Por eso esa noche asustado, regresará a casa, intentará convencer a todos del asalto, atraco que le ocurrió ese día. Pero nadie le creerá que no le gustó. Es por eso que en secreto, .B se mirará al espejo ese día, y se dará un beso al vidrio, cuestión de practicar como hacer mañana si volvía a encontrase con la ladrona de besos.