
Algunos se cansan de la ciudad donde nacieron. Luego de un rato, añoran las ciudades menos ruidosas, con menos gente y donde las cosas se desarrollan de manera diferente, lográn hablar con más tranquilidad, las cosas fluyen de distinta manera y sobre todo aquellos que les gusta cambiar, creen que siempre existirá un nuevo aire, un aire que les llene las narices de nuevas oleadas de sueños.
Claro, como .B, el querer cambiar de lugar era algo que lo había hecho desde siempre. Además poco le importaba llegar a un lugar a crear nuevos amigos, nuevas relaciones, nuevas amantes (pero como lo sabiamos nada de que le robaran un beso). Por eso después de dos semanas de no querer volver a ver a la ladrona de besos, empezó a hacer planes para irse. Definitivamente, salir de un lugar es no solo dejar atrás sino querer volver para ver lo que dejamos un tiempo, como cuando decidimos irnos.
Es por eso que realizó un viaje a la ciudad donde nos habiamos conocido, montando en bicicleta, tomando sopa de andivas y comiendo papa frita pues era lo unico divertido que nos podía unir en esos momentos. Estuvo allí, para hacer no solo un balance de su vida, contar lo que había hecho o no hecho y ver que pasaba, si a uno a veces le gustaría poderse meter en una ventana imaginaria y ver que pasá allá donde estuvimos. Quedó un poco con los sentimientos entrecruzados, quizás igual que sus brazos al haber colgado hoy el telefono.
Por eso me dijo que iba a un país exótico, no como el mio pues le daba mucho miedo, quizás aquí si existen muchas ladronas de besos, o de niños, o de extranjeros, o todo junto. O mi adorado .B, cambiar es bueno en la medida donde sabes que es lo que quieres cambiar, porque por más que te muevas por todo el mundo, siempre cargaras adentro los mismos problemas solo que el paisaje cambia. Y curiosamente, el paisaje no nos resuelve generalmente lo que llevamos adentro, a veces lo complica otra veces solo nos dan ganas de volver.