
.Pi había sido mi amigo, por lo menos yo lo consideraba de esa manera. Sin duda los sentimientos se habían entrecruzados, a veces yo quería estar con él, pero él no, o lo contrario y virceversa. Nos dejamos de hablar seguido de manera que los lapzos de tiempo prolongados, al vernos de nuevos, sólo nos quedabamos en silencio, pues al fin al cabo ya todo estaba dicho. Si su vida seguía igual sus historias no me las contaba, y sobretodo .Pi se había cansado de escuchar las mias por lo tanto, yo ya no se las contaba.
Hoy, como siempre, me dijo que era una lástima, pues él me había propuesto compartir un espacio físico sin necesidad de compartir un espacio emocional, pero como siempre yo me había decido muy tarde. Y como siempre era muy tarde. Al fin al cabo por más que nos lo propusieramos nunca habíamos podido concretar nada. Pero quizás eso era lo que nos unía, el hecho que nunca se lograba nada, y mal que bien sabíamos que ni siquiera hablar nos llevaría a gran cosa, pues nuestra amistad era de esa manera, no necesitabamos explicar ni menos sentir. Pues bien, ambos lo habíamos decidido, no era necesario tomarnos la molestia de aceptar que nos dabamos importancia mutua. Pero nos queriamos, eso no lo podíamos negar.
Me tomará tiempo en decidir escribir sobre .Pi, pues bien durante una época nos escribiamos demasiado, tanto que quizás se nos quitaron las ganas de dar rienda suelta a las palabras, más a .Pi que a mí. Así que solo contaré una historia de .Pi, sobre un texto que alguna vez me escribió, decía algo asi: "Iba en un carro deportivo italiano, después de conducir rápido, me accidentaba, llegaba una linda chica enfermeda alemana y me decía al oído, palabras necesarias para no hacerme sentir muerto."