19/4/08

La nueva cita a ciegas

Ahora bien si dejamos que el destino, la rueda de la fortuna nos traiga nuevas oportunidades de encuentros seguramente seremos víctimas de nuestro propio invento. Pero por qué no permitir esto... perderemos o ganaremos algo de eso se trata de probar, tirarse al agua, saber si está fría o no existe.

.G es un principe costero de un océano que no he recorrido nunca. Un mar de oportunidades inexploradas por mi vida, un mundo aparte, algo lejano y austero desde mi punto de vista. Definitivamente soy un fracaso en el amor, no entiendo como funciona pero se que no lo doy todo y sé que no vivo de eso.

Así que .G, llega a mi encuentro por medios del destino curioso que me hacen cambiar de rumbo proponiendome buscar nuevos horizontes. Los principes solitarios son aquellos donde en su reinado están esperando nuevos discipulos, nuevas doctrinas y nuevas rutinas que permitan, como los hijos, generar nuevas actividades y hacer crecer el patrimonio real.

Sin duda, cualquiera quiere ser una princesa dentro de un reino (ya veiamos el caso anterior de aquel ser .K que tenía el suyo propio), pero muchas veces se cree que uno por si sólo ya tiene un palacio a su medida, un mundo con sus oportunidades y un ritmo propio.

Mi problema es que los reinos de los otros no me interesan, aunque claro, en las noches, más exactamente como esa noche que lo conocí pensé como sería pertenecer a ese reino donde los viajes son inmediatos, donde la riqueza esta escondida debajo de la cama, donde los problemas se solucionan con una tarjeta de crédito, donde los productos materiales florecen como florecen los tréboles de cuatro hojas de mis materas.

Pues bien, no hubo suerte, quizás fui yo que no logro encantar a ese principe del reino del océano desconocido, ni logré convertirlo en un sapo que se transformará en un sueño. Quizás yo no fui en el vals de sus pretendientes patrocinadas por los reyes de su reino, que estuvo de su aprobación o de su gusto.

Así que .G se queda en su mundo, me despide con agradecimiento y amabilidad de la nueva y unica cita a ciegas, desaparece en la calle en su carro y yo desaparezco entrando a mi calle, la cual es oscura y destruida de noche, pero en las mañanas los niños juegan al balón, la música popular mexicana patrocina el nuevo día de los trabajadores, las ambulancias suenan siempre y se confunden con las sirenas de la policia. Pero me gusta, por lo menos no vivo en una jaulita de oro.