Eso pasa a veces, toca hablar del pasado con risa, buscarle la gracia, disfrutar el fracaso.
Esta es la historia de .AT, un mago que no supo que el conejo que traía bajo su sombrero que ocultaba su cabeza calva, salto para convertirse en un plato muerto. Si de esta forma el pequeño conejo en forma de feto fue cocinado durante horas en un fogón lleno de cosas deliciosas, pero no lo suficiente para que el paladar de .AT lo disfrutara, sintiera que todo era hecho con un sentimiento extraño que me cobijaba ese día al cocinar de nuevo.
Es cierto, me embriague en una pasada ocasión, pero ahora la embriaguez es distinta, tiene un sabor a ziploc y cajas de plástico. Bien si el lector no ha entendido lo que pasó lo describiré paso a paso.
Definitivamente, vuelvo a insistir soy un manojo de equivocaciones. De mi teoría de un hombre se le conquista por el estomago, y así no te quiera más volverá un día a la casa para volver a comer y pasar un rato contigo, murió esta noche junto a los ajos, laureles, tomillos y demás desperdicios que en la basura murmuraban su tristeza de ver que el cheff no se había comido todo.
Es extraño, antes nunca me habían dejado un plato a medio comer, escarbado, seleccionado, y luego zassss las sobras se van a la olla otras a la caneca. Eso fue lo que pasó.
Pensé que la cocina era algo mágico y que el truco de magia son esos pequeños ingredientes, las trufas ahumadas en paté argentino, la ahuyama escondida dentro del puré hecho en agua de menta, el secreto de mi plato provencal dado por una amiga cercana que me lo contó una noche. Creí que el amor se podía poner en un plato de comida, decir con sabores que sería bueno poder sentir eso siempre, deleitarse con los detalles ajenos y saber que nada es gratuito.
Así que mi conejo rostisado por dos o más horas, mi puré de agua de menta de papas sabaneras y papas criollas con un toque de ahuyama, mi sopa de cebollas con pan frito en queso y mi ratatouille no fueron del agrado de .AT, quien solo dejo aquello que llaman "la politica del sobrado".
Vuelvo entonces el conejo salto de su sombrero, quedo frito junto a él y mis tontas ilusiones, de poder construir algo diferente. .Ba, te digo, la profesión de cheff quedó tachada de mi lista de charlatanes. Y seguramente la profesión de pastelero también, pues mi postre nunca cuajó y quedo perdido en la nevera.