Los cangrejos o la vuelta del cangrejo es un comportamiento esencial en la naturaleza humana. Lo acepto retomo mis viejas costumbres cuando estoy sola, escribir y hacer mis diarios. Quizás porque en estos momentos son los únicos en los que puedo ser libre. Libre de no tener a nadie cerca, libre que nadie me mire al despertarme con una taza de cafe y un cigarrillo, nadie que me vea dormir con mis ridículas piyamas de invierno, nadie que me huela que no huelo bien, nadie que este ahí. Pero el marco me parece ideal, claro en este momento. Como en otros momentos en el pasado.
Ahora bien he intentado cambiar. Si dentro de todos estos anos acumulando historias, ni siquiera busco el charlatan perfecto. Creo que ya no busco nada.
En algunas noches tan solo una buena compania, alguien con quien reír un rato, ver una película, comer algo, tomar algo, para luego ver a la gente en pareja besandose en los transportes públicos, en las calles, en los restaurantes y decirme que eso realmente ya no es para mi. No porque no lo desee, solo porque mis deseos de ser libre se intensifican con el poder de decir, puedo hacer lo que yo quiera. Y no hay juicios, ni reclamos, ni maltrato, ni complicaciones.
Los cangrejos caminan de lado, unos se los comen otros los tiran al agua, a mi me pasa seguido. Los cangrejos cuando caen de espaldas se inmobilizan. Eso he hecho yo. Mirando el techo simplemente soy libre, mientras canto.