Ahora bien, en estas tierras se respira la melancolía en cada esquina, como si no hubiese nada mas que hacer. El viento golpea las ventanas con una gran fuerza al igual que cada corazón que conozco parece estar encerrado en si mismo.
Entonces todos aparecen cabeza baja, somnolientos en el amor, en la vida, en el dinero. Una ciudad de transito, nada mas que una ciudad donde todos vienen a olvidar lo que ha pasado. Todos parecen estar en un desierto del camino, con sueños perdidos en cada momento y donde a las dos de la madrugada abandonan las calles para entrar de nuevo a casa.
Luego llega el. .Jo. .Jo el telepático. El telepatico del insomnio. El telepático que tiene buenas ideas pero a la vez tienen el corazón roto.
En realidad todo esta roto en estas calles. Rotas las ventanas, rotas las paredes, rotas las personas y rotos por supuesto todos los corazones.
.Jo no puede dormir en las noches. Pasa sus noches dando vuelta en su cama, bueno no `su cama`, la cama de sus padres donde duerme. En esa cama, que es una cama antigua, quizás tan antigua como el. Quizás en esa cama fue donde empezo toda su vida, duerme el ahi con su corazón roto pensando en aquella americana de ojos azules y pelo moreno, nacida en la lejana Alaska que viva en NY cultivando flores en el Central Park.
Esta americana ha dejado al hermoso y enamoradizo .Jo por un latino brasileño que toca la guitarra. Y .Jo volvió a su ciudad rota con el mismo ritmo que el Duero se mueve, despacio y lento. Su corazón se quedo entre las plantas del central park, sus lagrimas las trajo devuelta en el avión.
Y en su camino encontro el Lexotan, que le ayuda a cultivar su sueno, que le siembra la ilusión de volver ser amigo de la americana de ojos azules y pelo moreno. Pero entre pastillas, se revuelca en su cama, mira al techo, convierte todos sus aparatos electrónicos en luz roja e intenta soñar.
En que sueña .Jo me pregunto. Que puede soñar un corazón roto en una ciudad que ya esta rota.
Sin embargo, .Jo es el embajador de esta ciudad. Camina por sus calles llevando extranjeros curiosos a los que el les muestra con orgullo todas sus historias repetidas sobre cada detalle e peculiar secreto.
Y es en eso cuando lo veo, que me pregunto cuantos problemas de gramática nos separan entre .Jo y yo. Una gramática de telepatía, una ortografía de corazones rotos y una redacción que se acaba con un buenas noches hasta mañana.
Hasta mañana .Jo, que Lexotan y tu duerman juntos, que sigas bailando en tu cabeza sembrando flores en el Central Park, mientras yo escribo para ti esta noche, es un placer estar en una ciudad rota como la tuya.